Cuidado de la piel

¿Qué es la psoriasis?

La psoriasis, es una enfermedad inflamatoria de la piel que en ocasiones afecta también a las articulaciones, la cual sigue un curso crónico con periodos de mejoría y empeoramiento.

La psoriasis comienza en el sistema inmunológico, lo que se considera una enfermedad autoinmune (trastorno provocado por el ataque del sistema inmunitario al propio organismo).

Por lo general, durante 30 días la mayoría de las células de la piel crecen desde las capas más profundas y suben poco a poco a la superficie reemplazándose por las células muertas existentes. Es lo que se llama renovación celular. Pero en el caso de un individuo con psoriasis, el proceso no funciona correctamente, es decir, se produce de 3 a 6 días, lo que provoca que las células nuevas suban muy rápido, se acumulen en la superficie y sea la causa del enrojecimiento, descamación, dolor e hinchazón.

Estas lesiones pueden localizarse en cualquier parte del cuerpo, pero es característico que lo hagan en los codos, rodillas, manos y cuero cabelludo.

Aunque se desconoce el origen concreto de la enfermedad, se sabe que la psoriasis se produce debido a una combinación de factores genéticos y ambientales. Aparece principalmente entre los 15 y 35 años, aunque también puede manifestarse en niños y personas adultas.

Esta enfermedad se clasifica según su gravedad:

  • Psoriasis leve: Menos del 3% de la superficie corporal total. Normalmente son placas localizadas en rodillas, piernas, manos, codos y cuero cabelludo. El tratamiento suele ser de uso utópico (cremas, lociones, champús).
  • Psoriasis moderada: Entre el 3% y el 10% de la superficie corporal total. Placas localizadas en brazos, piernas, tronco, cuero cabelludo y otras áreas. El tratamiento suele ser uso utópico y fototerapia e incluso terapia farmacológica.
  • Psoriasis grave: Más del 10% de la superficie corporal total. Suele tratarse con fototerapia y medicaciones orales.

Dado que la psoriasis es una enfermedad crónica, el objetivo del tratamiento es principalmente disminuir los síntomas y prevenir las infecciones secundarias:

  • Uso regular de cremas, lociones hidratantes y aceites esenciales, ya que mantienen la humedad y la flexibilidad de la piel, reducen el picor y evitan la formación de grietas y descamación.
  • Beber agua es muy importante para tener el organismo hidratado.
  • Tomar el sol de forma moderada y darse baños en el mar. El sol aporta a nuestra piel Vitamina D, que beneficia a nuestros huesos y tiene una acción antiinflamatoria directa sobre las placas. El agua de mar nos aporta minerales como sodio, magnesio, bromo, yodo y calcio lo que hace que el cuerpo se nutra y repare las lesiones.
  • Tratar de seguir hábitos de vida saludables, evitando en la medida de lo posible situaciones de estrés y llevando una alimentación sana.
  • Evita el consumo de alcohol y tabaco.
  • En la ducha, usar jabones suaves, que afecten poco al manto lipídico y no irriten la piel.

Pero dado que el tratamiento varía de una persona a otra, lo primero es acudir a su dermatólogo . El será el mejor aliado para saber lo que mejor le conviene.

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